Monográficos 2006

Fiestas, rituales y celebraciones

Según Emile Durkheim, las religiones juegan un papel fundamental para unificar a los integrantes de una sociedad y para reforzar el sentido de solidaridad de sus miembros. El ritual tiene una vertiente de reestructuración social y de socialización, como la expresión de pertenencia a un grupo, integración social, lucha por el poder social, prestigio social y político, entre otros.

La fiesta es un momento donde los distintos significantes y significados culturales interactúan, definiendo al grupo social que la protagoniza. A través de ella se expresan sentimientos individuales y colectivos. Una de las características de estas fiestas es su poder integrador en la comunidad. Los que a ella pertenecen refuerzan su conciencia de identidad y pertenencia al grupo, robusteciéndose los lazos de solidaridad y reciprocidad.

En este monográfico nos preguntamos: ¿hasta donde da cuenta representación cinematográfica de esta dinámica social, del dinamismo y complejidad de lo social en tiempos de globalización?.


Los ancianos como protagonistas

El ritmo de la modernidad muchas veces no da cabida a la importancia que en la cultura española se daba históricamente a los lazos familiares. El resultado muchas veces supera a las buenas intenciones: ancianos solitarios, absortos por la televisión pública, encerrados en sus casa, aburridos, esperando días y días una llamada de un familiar.

Un fenómeno en aumento en España (y en los países desarrollados) es el del gran crecimiento que han experimentado los hogares unipersonales o solitarios. Este hecho es importante por cuanto denota una realidad social creciente: los anciano solitarios cada vez más demandan de servicios asistenciales de todo tipo, al ser más vulnerables social y emocionalmente.

Este monográfico se propone centrar las miradas y la reflexión en quienes la dinámica social frecuente mente convierte en personajes secundarios.


Argentina: cine político y social

La memoria nos ayuda a iluminar el presente y a generar el futuro en la vida de los pueblos y en la propia. La historia es memoria de la vida de los pueblos, que se fue construyendo en el tiempo, entre luces y sombras entre el dolor y la resistencia. A 30 años de la dictadura argentina. El ojo cojo realiza un una breve revisión del cine mas comprometido, el cine político y social argentino.

Tal vez por razones de distribución, marketing o taquilla, el público español ha recibido una imagen fragmentada de la producción cinematográfica argentina. En esta edición del festival nos proponemos una mirada a las búsquedas estéticas y discursivas socialmente mas comprometidas. Tire die (1959)de Fernando Birri, marca un hito, el mismo realizador denominó la “primera encuesta social filmada”. A esa denuncia fílmica sobre la pobreza estructural de un país rico en recursos naturales continuaron Los inundados, de Birri, Camino a la muerte del Viejo Reales, de Gerardo Vallejo, Crónica de un niño solo y Romance del Aniceto y la Francisca, ficción con fuerte referencia en el neorrealismo y la nouvelle vague, La Hora de los Hornos de Getino y Solanas, Los hijos de Fierro de Solanas y Los traidores y Las tres AAA son las tres armas, basada en la Carta abierta a la Junta Militar, de Rodolfo Walsh, del Grupo Cine de la Base cuyo referente fue Raimundo Gleyzer.

Por entonces aparece Leonardo Favio que con Crónica de un niño solo (1965), es El nombre insoslayable entre cineastas argentinos, y a partir de 1973, con Juan Moreira y Nazareno Cruz y el lobo, uno de los de mayor convocatoria popular. Tango Feroz (Marcelo Piñeiro, 1993) le arrebató el primer puesto del ranking de ese año que los especialistas habían pronosticado a Gatica el mono, la profunda metáfora de Favio sobre la derrota de lo popular no obstante el contexto de felicidad colectiva. En 1984, Camila (María Luisa Bemberg) lanzó la crítica sobre la práctica moral y religiosa de la argentina. Mas tarde el documental aborda desde la descripción de los métodos de la dictadura y la acción de los equipos de antropología forense en Tierra de Avellaneda (Daniele Incalcaterra, 1995) hasta la minuciosa descripción de la marginalidad de Dársena Sur (Pablo Reyero, 1998). Y en la irrupción piquetera como la nueva institucionalidad alternativa trabajosamente elaborada frente al drama de la desocupación, tal como la refleja Matanza (Emiliano Penelas, Rubén Delgado, Nicolas Battle, 2001). Y el rupturista y cuestionador llamado de atención sobre la incertidumbre y la ausencia de futuro por parte de la nueva generación, con el naturalismo fotográfico de su película insignia Pizza Birra Faso (Caetano y Stagnaro, 1997) y la densidad de La ciénaga (Lucrecia Martel, 2000). Últimamente los grupos documentalistas que se interesan en fenómenos sociales y procesos de lucha se han multiplicado, y han cobrando fuerza los que ya existían, a partir del estallido de la crisis de diciembre de 2001. La crisis potenció el documental social, surgieron en consecuencia los movimientos sociales de resistencia popular. Inspiró además el surgimiento de una cantidad de micro-movimientos de realizadores, algunos de ellos independientes y otros como apéndices de partidos políticos de izquierda. La oferta y demanda de documentales creció en los meses siguientes a la caída del gobierno de Fernando De La Rúa, para ir mermando al ritmo de la normalización institucional, pero dejando una experiencia importante en la producción y la distribución alternativa de textos audiovisuales, así como un interesante corpus de estos materiales, algunos de los cuales continúan recorriendo festivales internacionales. La cantidad y la calidad de películas que dejan, que muchas veces se constituyen como el único registro audiovisual existente desde una mirada alternativa o antagónica sobre momentos históricos y procesos de lucha argentinos. Por otra parte, los mismos modos de producción, distribución y circulación alternativos de los materiales de estos colectivos, que se realizan por fuera de la exhibición comercial tradicional y de los parámetros cinematográficos industriales, constituyen un área de sumo interés. Además, como dice Fernando Birri, una de las condiciones del presente es su estado extremo de necesidad.

Algunos de los grupos que trabajan fundamentalmente en el área de influencia de la Capital Federal y el Gran Buenos Aires, son: Cine Insurgente, Boedo Films, Ojo Obrero, Contraimagen, Alavío, Primero de Mayo, Mascaró Cine Americano y Kino Nuestra Lucha . También existen colectivos en el interior del país, como por ejemplo Ojo Izquierdo, de la provincia de Neuquén, y Santa Fe Documenta, de la provincia de Santa Fe. Las prácticas de exhibición se constituyen como alternativas a la comercial, mediante la formación de redes solidarias y horizontales de difusión y de recepción de sus productos audiovisuales. En general, el primer lugar de proyección es el mismo en el que se registran las imágenes, y los actores de sus películas son los primeros espectadores. La sociedad argentina demuestra su vitalidad haciéndose presente en su cine.


¿Sólo acción y aventuras? – Cine para adolescentes

El cine muchas veces nos habla mas de cómo es la sociedad que las ha generado, su contexto, que del hecho histórico o anécdota que pretende contar. Vivimos en una sociedad donde lo audiovisual juega un papel decisivo en las comunicaciones, el poder económico se apoya en gran parte en la televisión, el cine, la radio. La información más inmediata nos llega a través del diario hablado y cada vez más nos vemos inmersos en una cotidianeidad informatizada que nos comunica y a la vez nos aísla pero que suaviza la existencia. Sin este ir y venir de mensajes audiovisuales casi nos aburriríamos. El salón de una casa no está completo si no tiene televisor.

Pero, ¿y la interacción? Las posibilidades de intervención distan mucho de ser inmediatas o completas, incluso en las redes de internet. Lo cierto es que nos hallamos ante procesos de información que a la larga pueden convertirse en procesos de comunicación. Pero los procesos de comunicación más efectivos e inmediatos son precisamente los más sencillos y curiosamente cada vez los utilizamos menos como sistema de comunicación, más bien como sistema de supervivencia. El visionado de un film no es solo una mera actividad de ocio y consumo. Sino que puede generar hábitos de observación, reflexión, análisis, comprensión, síntesis, relación e interpretación, mas allá de la catársis inicial.

Es un verdadero instrumento de socialización para los jóvenes y puede favorecer la formación general mediante la obtención de conocimientos, habilidades, actitudes en relación a deberes, derechos y valores. Descubriendo la riqueza de las culturas diferentes a la propia, el reconocimiento de la diversidad.

Procuramos con este monográfico incitar a adquirir la afición por el cine y el interés por la cultura popular. Intentaremos así potenciar el cine como instrumento mediático promoviendo una mayor difusión de aquellos contenidos que puedan ser considerados como elementos de discusión, debate, aprendizaje, reflexión, etc.

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