Amparo Gea habla de El Ojo Cojo Festival que busca el encuentro

Con ese nombre asaz original, es el primero en su género cuyo explícito propósito es promover el diálogo intercultural y la integración de los grupos socialmente excluídos. Amparo Gea, uruguaya residente en España, es una de las inventoras y la directora de este festival que en su última edición presentó 160 películas de 42 países.

Rosalba Oxandabarat

“El nombre El Ojo Cojo hace referencia a la mirada parcial de los medios de comunicación, aunque también nos gustaba la cacofonía: un ojo no puede ser cojo”, explicó Amparo Gea en octubre al diario El País de Madrid, que dedicó una amplia cobertura al festival. Éste desplegó sus películas por lugares institucionales como el Centro de Arte Reina Sofía, el Conde Duque, el Instituto Cervantes, el Instituto Cultural Rumano, el centro Hispano África, o alternativos, como la Casa de los Jacintos, bares y cafés, y plazas como la Agustín Lara o la Plaza de la Paja. El festival incluye un espacio para niños, y además ese 2008, tres monográficos: México rumbo al bicentenario, Una mirada al cine rumano y Fronteras. Amparo, que trabajó en Montevideo para el entonces Instituto Nacional del Audiovisual y supo colaborar en Brecha, conversó sobre la gestación y crecimiento de este festival inusual.

-Todo empezó cuando nos juntamos personas de diferentes disciplinas artísticas que coincidimos en un asunto: cómo las migraciones te cortaban un proyecto de vida. Era 2002, 2003, época del aluvión migratorio en España. Yo tenía muchos contactos porque había llevado muestras o colaborado con muestras de cine uruguayo a diferentes países, Guatemala, Cuba, México. La muestra uruguaya se cortó, y amigos de diferentes festivales me propusieron hacer una de latinos viviendo en Estados Unidos, para llevarla a España. La hicimos en forma itinerante en diversos espacios culturales, empezando por la Universidad de Salamanca que nos respaldó muchísimo. Pero fue un riesgo enorme porque se hizo en 35 mms y pasear todo ese material por Europa, más el drama de los derechos de aduana que se llevó todo el dinero que pudimos reunir…

Después nos pidieron que armáramos una muestra de cine gay español para llevarla a Nueva York, para lo que tuvimos que entrar en contacto con el festival de cine gay en Madrid. Sus integrantes se portaron muy bien y se convirtieron en nuestros amigos, dandonos una gran mano asesorándonos sobre cómo organizarnos y cómo obtener apoyos.

-¿Hay muchos festivales de cine en Madrid?

-Muchísimos. Hay una Coordinadora de Festivales pero no están todos. Además para ser festival se debe reunir las condiciones de tener un jurado de prestigio, trascendencia internacional, películas que no tengan distribución en España, premios para las diferentes categorías. Si no, no es festival, es una muestra. Ahora en la Coordinadora se ha empezado a discutir mucho el tema de los formatos, porque por ejemplo puedes exhibir películas por internet, entonces, ¿es o no un festival?. Son asuntos que no se han resuelto todavía.

-Pero, ¿cuándo se da el nacimiento de El ojo cojo?

-Después de la muestra de cine gay, en 2005. Ya teníamos peliculas, y empezamos en espacios alternativos, sobre todo con Ladínamo, que ahora cerró, como otros espacios alternativos de Lavapiés, que eran muy efervescentes. Que la Comunidad de Madrid nos diera una subvención nos obligaba a apurarnos. Se complicó un poco porque yo tuve a mi hijo dos meses antes de lo que se suponía, así que el festival se armó con Rodrigo de brazo en brazo. Había material de América Latina y de latinos en Estados Unidos, y con eso continuamos luego haciendo muestras periódicas de forma itinerante, en Salamanca, en Filmoteca de Andalucía que nos apoyó siempre, en el Museo de Arte Contemporáneo de Vigo, y otros. Dábamos las películas y siempre alguna conferencia, era importante dar complemento de información, porque el objetivo de El Ojo Cojo es la integración y el diálogo de distintas culturas. Somos como un contenedor…

-Pero ahora dan películas de muchos países, no sólo latinas.

– Es que ahora el festival es un proyecto estable, y fue creciendo porque cuando hicimos una convocatoria abierta empezaron a presentarse películas de distintos países. Creo que ocupamos un nicho que estaba vacante. Y seguimos con un perfil medio bajo, no nos comprometemos a nada que no podamos cumplir, lo que te da seguridad, y no recibimos ninguna presión, y no nos casamos con nadie.

Paralelamente armamos los talleres, que el último año cobraron mucha importancia. Por ejemplo, en Alcorcón, en las afueras de Madrid, donde hay muchos migrantes, nace la Casa de los Pueblos, cuyos objetivos y metodología coinciden mucho con los nuestros. Su principal animador, Monleón, es un hombre muy mayor pero con gran empuje y entusiasmo. Allí está una de las sedes del festival, y Eduardo Moyano, que antes fue jurado, es el coordinador de los talleres. En Casa de los Pueblos se armó un programa sobre cine y diálogo cultural que se va a trasmitir por radio. Ahora vamos a trabajar el tema de conflictos, desde Palestina a las maras en Latinoamérica. Por ejemplo, tenemos una película sobre algo que sucedió cuando se quiso poner una mezquita en un barrio de Barcelona y los vecinos se levantaron temiendo que fueran terroristas. Por ahí pasa el tema de la tolerancia, de la ignorancia, de los prejuicios, la relación España con el mundo árabe…

-¿Ustedes buscan las películas o llegan por su cuenta, a partir de la convocatoria?.

-De América Latina se puede decir que ya llegan solas, y entonces nos dedicamos a rastrear en Africa, Asia, el mundo árabe, de China llegan muchas desde hace tres años.

-¿Desde qué puntos de vista se valoran para ser admitidas y en qué formatos trabajan?

-Mantenemos tres requerimientos básicos: pertinencia, calidad y empatía. Hasta ahora las exhibiciones son en DVD, pero empezamos a trabajar con disco duro, que pueden cargar hasta 40 películas de largometraje, que las puede leer directamente una computadora y proyectarlas con calidad. Nos evitamos todos esos problemas, que se rayen las películas, que se tranquen, y hasta es posible enviarlas directamente por correo electrónico. Todavía hay filmotecas que son principistas con el tema del formato, pero nosotros priorizamos la estética y el contenido. Puede ser que con 35 mms se asegure la mejor visión de un filme, pero es bastante más difícil llegar a todos lados. Yo creo que en Europa en poco tiempo este sistema va a imponerse: películas de ordenador a ordenador. Además, en el caso nuestro, para un festival chiquito el tema del almacenaje es complicado, hasta para las fichas, entonces pedimos solo una hoja de papel firmada por el autor y lo demás todo en digital.

-¿Cuentan con local propio?

-Recién este año tenemos una oficina estable, pequeñita, adentro de un sindicato independiente, pero hasta eso la oficina era mi casa, se trabajaba hasta las cinco de la tarde y después volvía a la vida doméstica… Durante el festival se pone otra oficina. Ha colaborado mucho para eso la Asociación de Vecinos de Lavapiés.

-¿Con qué otros apoyos cuentan?

Además del trabajo voluntario de un montón de gente, recibimos ayudas del Ayuntamiento de Madrid, la Comunidad de Madrid, la Secretaría General Iberoamericana (Segib), la Agencia Española de Cooperación Internacional (AECI), entre otras instituciones. El año pasado logramos que algunas embajadas nos apoyaran con el viaje de algunos cineastas, pero hay que ver la cantidad de directores que iban igual, pagándose ellos el pasaje. Las que ayudan son las embajadas europeas, o la de Israel, porque las latinoamericanas, incluyendo la uruguaya, no parecen interesadas en el tema del cine. Ni en sus ciudadanos en general, a mí nunca me invitaron a la embajada uruguaya a ninguna cosa. A la argentina, sí.

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Premios de El Ojo Cojo 2009

El jurado de largometraje, integrado por Lola Salvador, Malak Sahioni y Sancho Gracia, otorgó los siguientes premios:

Premio Guiño al mejor largometraje: Pirinop, mi primer contacto, de Mari Correa y Karané Ikpen (Brasil).

Guiño especial: Las mujeres de Brukman, de Isaac Isitan (Canadá)

La sombra de la ausencia, de Nasri Hajjaji (Túnez)

Made en L.A., de Almudena Carracedo (Estados Unidos)

Vista desde el puente: Historias de Kosovo, de John Ealer y Laura Bialis (Estados Unidos)

Yo el otro, de Mohsen Melliti (Italia)

El jurado de cortometraje, integrado por Fadhila Mammar, Marcelo Risi y Enrique Vargas, otorgaron los siguientes premios:

Premio Guiño al mejor cortometraje: Olas, de Adrian Sitaru (Rumania)

Premio Guiño a la mejor opera prima: Es mi turno, de Ismet Ergun (Alemania)

Guiño especial a: Cruce de camino, de Kristina Meiton (Suecia)

Rec 2

*Uruguayos prepararse

Se convoca a los cineastas uruguayos autores de cortos y largometrajes que tengan interés en enviar sus obras a este festival. Última fecha de envío de películas, con constancia de envío: 27 de abril de 2009.

Bases y fichas de inscripción en www.elojocojo.org http://www.elojocojo.org>

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